Antífonas de Cuaresma

Bartolomé Esteban Murillo. El retorno del hijo pródigo (ca. 1670).

En este apartado se irán incluyendo próximamente las antífonas de entrada y comunión con los textos litúrgicos propios de los domingos de Cuaresma.

Estos textos son los de las antífonas  del Graduale Romanum, en la traducción oficial de la Conferencia Episcopal Española. Recuérdese que la Instrucción General del Misal Romano establece que el Graduale Romanum es la opción prioritaria a la hora de escoger el repertorio para la liturgia de la Misa.

Las melodías están inspiradas muy de cerca en el canto gregoriano, y más concretamente en las antífonas gregorianas a las que sustituyen cada día. Es posible por tanto, cantar ambas sucesivamente sin que el oído perciba un cambio sustancial de modo.

Los acompañamientos son sencillos, de modo que puedan ser tocados también por los organistas con menos formación o habilidad. Aquellos que los encuentren demasiado simples para su capacidad, pueden añadir más notas a la armonía respetando la voz del bajo, salvo que sepan bien lo que hacen.

Cada antífona se presenta en dos tonalidades: una más grave, adaptada para el canto del pueblo y de los coros con voces más bien graves; otra más aguda, que es preferible cuando la vaya a cantar un solista o un conjunto de voces que puedan sostener bien esta tesitura.

Domingo II de Cuaresma

Antífona de entrada: Oigo en mi corazón

Antífona de comunión: No contéis a nadie la visión

Domingo III de Cuaresma

Antífona de entrada: Tengo los ojos puestos en el Señor

Antífona de comunión: El que beba del agua que yo le daré