Órgano en la liturgia

Raúl del Toro. Fotografía: www.txisti.com

Comencé a ser organista a los doce años, en la parroquia de Santiago de mi Sangüesa natal. Años después conocí las celebraciones de la cercana abadía benedictina de Leyre, y desde entonces quedé cautivado para siempre por la belleza, riqueza y profundidad de la liturgia católica, comprendiendo mucho mejor el valor de la música dentro de ella. Durante ocho años ejercí en Leyre como organista en la misa conventual de los domingos y fiestas. El contacto frecuente con el canto gregoriano y la plenitud del rito romano constituyó para mí una experiencia extraordinariamente formativa, que ha continuado siendo la principal base y referencia para mi reflexión y mi actividad posterior en este campo.

Entre 2003 y 2005 fui organista titular de la Real Capilla de San Jerónimo de la Universidad de Salamanca (órgano Pedro Liborna Echevarría, 1709), cuando residía en esa preciosa ciudad como profesor de órgano del Conservatorio Profesional. Mi actividad litúrgica estaba centrada en los actos oficiales de la Universidad, así como en las abundantes celebraciones familiares que allí tenían lugar.

Regresado a Pamplona, diversos azares y circunstancias me llevaron a colaborar como organista en la parroquia de El Salvador del barrio de la Rochapea. Allí, desde la consola del muy modesto instrumento entonces disponible (O.E.S.A., 1952), asumí el reto de cultivar la música litúrgica en el contexto de una parroquia sencilla. Esta actividad se vio favorecida años después con la instalación de un hermoso órgano inglés de estilo victoriano (John Hele & Co., 1878).

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de intervenir en contextos litúrgicos diversos junto a destacadas formaciones corales como la Capilla de Música de la Catedral de Pamplona, el Orfeón Pamplonés o la Coral Andra Mari de Errenteria.

En los últimos años mi actividad en la liturgia se ha visto especialmente enriquecida, al asumir la dirección de la Schola gregoriana Gaudeamus.