Los que estamos especialmente interesados en la cuestión de la música litúrgica de la Iglesia tuvimos en Benedicto XVI a un pontífice casi a nuestra medida. Desde mucho antes de ser elegido Papa escribió profundas y acertadas reflexiones que han quedado como referencias imprescindibles para cualquiera que quiera abordar la cuestión con un mínimo de seriedad. Durante su pontificado la liturgia en general y la música en particular fueron objeto de una atención notable, aunque su proyecto restaurador no pudo llegar al término que seguramente él quería.

Los que estamos especialmente interesados en la cuestión de la música litúrgica de la Iglesia tuvimos en Benedicto XVI a un pontífice casi a nuestra medida. Desde mucho antes de ser elegido Papa escribió profundas y acertadas reflexiones que han quedado como referencias imprescindibles para cualquiera que quiera abordar la cuestión con un mínimo de seriedad. Durante su pontificado la liturgia en general y la música en particular fueron objeto de una atención notable, aunque su proyecto restaurador no pudo llegar al término que seguramente él quería.

Varios lectores me han sugerido en los últimos meses que hiciera referencia a la curiosa historia por la cual la parroquia en la que ejerzo habitualmente de organista ha recibido un espléndido órgano inglés del s. XIX. Ahora, después de unas cuantas semanas de muy intenso trabajo debido a razones diversas, entre las cuales parte no pequeña ha correspondido a los preparativos de la presentación del órgano, encuentro la ocasión de corresponder gustosamente a ese deseo.

En la entrada anterior conté cómo la bendición y presentación del órgano de mi parroquia de El Salvador de Pamplona había consistido en una celebración litúrgica, y prometía tratar con algo más de detalle el tema.

Estos días, con ocasión de la JMJ que se va a celebrar en Río de Janeiro, el tema de la música relacionada con las celebraciones de la Iglesia está de actualidad. Es conocida la gran afición de los brasileños por el baile, así como los intentos de evangelización que se están dando en Iberoamérica y en otros lugares tomando pie en este aspecto. Suele afirmarse muy apresuradamente que el supuesto éxito “evangelizador” que diversas corrientes protestantes están teniendo en Iberoamérica tiene que ver con que utilizan música marchosa. En consecuencia, desde ciertos sectores de la Iglesia Católica se viene proponiendo seguir la misma estrategia.

He seguido algunas partes de la Misa de clausura de JMJ de Río de Janeiro. Al comienzo, varios presbíteros ataviados con vistosas casullas dirigen el canto de un modo milimétricamente igual al de los coristas de cualquier estrella pop. Mientras tanto, el papa Francisco espera en el presbiterio. En su semblante, la “seriedad” del gesto que en cualquier persona normal suele producir el recogimiento y la oración. La cámara enfoca de nuevo a los cantantes: ríen, bailan, gesticulan. Francisco continúa serio, recogido. No sé si alguien se atreverá a acusarlo de ser un cristiano triste, de ser un pepinillo en vinagre. Son dos actitudes diametralmente opuestas en el mismo momento, en el mismo lugar, en la misma celebración. Se supone que con la misma fe.

En estos días previos a la solemnidad de la Asunción traigo de nuevo al blog varios ejemplos de música sacra mariana. Permítanme que también les sugiera la escucha o re-escucha del maravilloso motete Vidi Speciosam de Tomás Luis de Victoria, cuyo comentario publiqué hace un año por estas fechas.

En esta ocasión vamos a ver cómo otro texto de origen litúrgico, la antífona Ave Virgo Sanctissima, ha sido musicalizado de maneras diferentes pero siempre dentro de un estilo de verdadera música sacra. Contemplaremos dos ejemplos: uno del siglo XVI y otro del siglo XXI.

Me ha ocurrido repetidas veces que, al hablar de música litúrgica, ha terminado aflorando esa tediosa estabulación entre "conservadores" y "progresistas". Para evitar confusiones innecesarias, aclaro que estoy refiriendo estos términos a interlocutores católicos sin disenso respecto a las cuestiones fundamentales de doctrina.

El próximo domingo se celebra la solemnidad de Jesucristo Rey del Universo. En el vídeo siguiente pueden escuchar el himno de vísperas de esta festividad:[video:youtube:3ptnEjCp9GI] En el vídeo aparece la melodía gregoriana con el texto en latín y la traducción en inglés. Más abajo añado la traducción al español. La melodía es diferente de la que aparece en el Liber Hymnarius de 1983 y en el Antiphonale Romanum II de 2009, pero el texto es casi idéntico.

El Ordinario de la Misa se compone de las partes con texto fijo, esto es, que no cambia según la semana o la festividad. En lo que al canto se refiere, estas partes son principalmente el Kyrie eleison (“Señor, ten piedad”), el Gloria, el Sanctus y el Agnus Dei (“Cordero de Dios”). El conjunto de estos cantos forman lo que se llama una “misa”. La tradición litúrgica de la Iglesia ha elaborado una serie de “misas” que han quedado recogidas en el llamado Kyriale Romanum, donde a cada una de ellas se le asigna un número y un nombre, cuando este último existe. Por ejemplo, la famosa misa De Angelis es la que lleva el número VIII en el Kyriale.

  • El movimiento de reforma de la música religiosa (II): Europa

    • Raúl del Toro 06.03.2020 11:30
      Muchas gracias, Gerardo, por su visita y por su amable comentario.
       
    • Gerardo A. Tovar 05.03.2020 23:38
      Felicidades, maestro. Su trabajo es una luz en medio de la oscuridad.
       
    • RaúldelT 03.03.2020 21:55
      Hola, Miguel. Muchas gracias por su comentario. Un saludo desde este lado del océano.
       
    • Miguel P. Juárez 03.03.2020 18:52
      Excelente investigación del maestro Raúl del Toro