Después de haber abordado en los artículos anteriores los aspectos generales del movimiento de restauración de la música religiosa, nos acercaremos ahora al que sin duda fue uno de sus capítulos esenciales: el deseo de restaurar el canto gregoriano conforme a los códices más antiguos conservados.

Retomando un criterio constante que se había repetido en documentos eclesiásticos de diversas épocas, el canto gregoriano volvió a ser valorado en el s. XIX como expresión musical propia y principal de la Iglesia Católica en su rito romano. Ahora bien, el modo en que tal renovada atención hacia el gregoriano se manifestó en este momento histórico fue diferente de lo que había ocurrido en etapas anteriores, como por ejemplo tras el concilio tridentino. En esta ocasión existía la protomusicología positivista del romanticismo avanzado, que mostraba una fuerte inclinación hacia el estudio del pasado.

 

El movimiento de reforma de la música religiosa en España, sobre todo en los años anteriores al motu proprio, tuvo unas coordenadas sociales derivadas del lugar y del momento. Entre los múltiples factores operantes pueden destacarse el nacionalismo musical -común a diversos países europeos-, el movimiento regeneracionista y las consecuencias musicales que tuvo la cuestión social y la actitud de la Iglesia ante ella.

En España la primera mitad del siglo XIX es especialmente convulsa por la invasión napoleónica y la prolongada serie de conflictos políticos que la siguieron. El sesgo antieclesiástico de las medidas desamortizadoras decretadas por Mendizábal y otros políticos del nuevo régimen16 viene a complicar todavía más las condiciones materiales en que se desenvolvía la música sacra.

A lo largo del siglo XIX fue apareciendo en diversos países un movimiento de músicos que compartían la intuición de que la música religiosa se había desviado de su camino. En 1817 Etienne-Alexandre Choron funda en París la que poco más tarde sería reconocida como Institution royale de Musique religieuse, y a partir de 1825 sus alumnos empiezan a interpretar obras de Palestrina en la liturgia de La Sorbona, toda una novedad en la época1.

 La cuestión de la música religiosa desencadenó a mediados del s. XIX un vibrante proceso reflexivo y creativo cuya onda llega hasta la segunda mitad del s. XX, cuando una lectura ideologizada de las disposiciones del segundo concilio vaticano dio al traste con casi todos los logros conseguidos en tal campo.

Lo ocurrido con la música del rito romano en las últimas décadas sigue siendo una herida sin cerrar.

Hace pocos días tuve la oportunidad disfrutar del órgano Bevington & Sons (1862) de la parroquia de Nuestra Señora de la Concepción de Santa Cruz de Tenerife. Dado que yo habitualmente toco un órgano inglés victoriano (John Hele & Co., 1878, parroquia de El Salvador de Pamplona), la experiencia me resultó especialmente interesante por cuanto pude comparar dos ejemplares de esta escuela muy similares en tamaño y estructura sonora.

La parroquia y el órgano de Peralta guardan un ajetreado pasado. El viejo templo del s. XVI tuvo que ser abandonado y en 1833 el culto fue trasladado al iglesia actual, levantada al efecto. De la primitiva fábrica queda el campanario barroco que recibe al viajero al entrar en la villa.

Como continuación del artículo anterior, en este trataré de lo que establece la Instrucción General del Misal Romano respecto a la música. Como verán, en diversos apartados se establece la distinción entre quiénes deben cantar la parte en cuestión, y qué deben cantar. El orden de aparición de las opciones, según me fue confirmado por personas de autoridad, indica el orden de preferencia e importancia. Es decir: la opción 1 es a priori preferible a la 2, la 2 a la 3 etc.

Verán citados repetidamente el Graduale Romanum y el Graduale Simplex, por lo que procede una explicación siquiera breve.

Como acto conmemorativo de la instrucción Musicam Sacram (1967-2017), han tenido lugar recientemente en Santander las Jornadas Nacionales de Liturgia sobre Música Sagrada, organizadas por la Comisión Episcopal de Liturgia. Seguramente se ha tratado de uno de los acontecimientos más importantes para la música sacra de cuantos han ocurrido en España desde la reforma litúrgica de Pablo VI. Es de esperar que vayan surgiendo frutos que puedan verse en un futuro más o menos próximo.

La música litúrgica actual se caracteriza por la parquedad en el uso del tiempo. Hay preocupación porque las celebraciones no se prolonguen. Se dice que la liturgia es la fuente y la culminación de la vida cristiana, y que la eucaristía dominical es el centro de toda la semana, pero estos no parecen ser argumentos poderosos para quebrar el dique de los 45 minutos en la misa dominical. Menos de la mitad de una película o un partido de fútbol, donde los asistentes no parecen en principio preocupados por el reloj.

  • El movimiento de reforma de la música religiosa (II): Europa

    • Raúl del Toro 06.03.2020 11:30
      Muchas gracias, Gerardo, por su visita y por su amable comentario.
       
    • Gerardo A. Tovar 05.03.2020 23:38
      Felicidades, maestro. Su trabajo es una luz en medio de la oscuridad.
       
    • RaúldelT 03.03.2020 21:55
      Hola, Miguel. Muchas gracias por su comentario. Un saludo desde este lado del océano.
       
    • Miguel P. Juárez 03.03.2020 18:52
      Excelente investigación del maestro Raúl del Toro